miércoles, 21 de noviembre de 2012

De igual a igual


Hace unos días Linkedin compartió con todos los linkados un artículo de Charlene Li, una de las mayores expertas en redes sociales a escala mundial. Esta joven empresaria, socia fundadora de la consultora Altimeter Group, ha asesorado a importantes corporaciones sobre gestión del cambio y entornos digitales. Su medio natural es el mundo empresarial y lo que el lector en principio espera de ella es un complejo ensayo sobre management.

En lugar de eso, Charlene deja aparcados los palabros y elige un código humanista para hablar de empresas e internet. “Crisis de coraje en las redes sociales” es el sugestivo título del artículo que comparto con vosotros. El concepto elegido para el titular lo dice todo. El coraje es un valor puramente humano que se aplica a pequeña escala. Y de eso, de valor, humanidad y escalas manejables, se nutre la actitud con la que las empresas deberían abordar las redes sociales.

En opinión de esta investigadora, los directivos suelen mostrarse intimidados ante las redes sociales, a las que ven como una fuente de problemas. Riesgos de exposición, ataques y posibles malentendidos sobrepasan, con mucho, cualquier beneficio tangible. La reticencia hacia las redes sociales tiene menos que ver con la falta de ROI (Retorno de Inversión) que con el hecho de que las organizaciones no tienen la suficiente fortaleza institucional como para comprometerse socialmente. Y aquí es donde entra el coraje en juego y donde Charlene Li conecta con la idea Peer to Peer, De igual a igual, el concepto que inunda el universo 2.0. El enunciado del concepto De igual a igual es simple: en las redes sociales cualquier empresa o corporación, por mayúscula que sea, se convierte en una persona que desea entablar una relación con otra persona; no importa que uno sea detractor, follower o fan. El escenario deja de ser corporativo para pasar a ser emocional. Se requiere, por tanto, valores muy parecidos al de cualquier relación entre personas: respeto, honestidad... e incertidumbre, una característica que viene de serie en las relaciones sentimentales. Todos sabemos que lo incierto rodea cualquier vínculo personal. Las cosas no dependen sólo de nosotros, sino de la otra parte, y eso añade inquietud al proceso. En el caso de las redes sociales, esta incertidumbre se dispara porque, en realidad (y es parte del encanto), no conocemos a todos los que nos leen, nos siguen o incluso nos detestan. En cierto sentido, se trata de un juego de seducción en toda regla que a veces, como en la vida real, puede jugarnos malas pasadas.

Para Charlene Li, el antídoto contra la incertidumbre es el coraje. Armarse de coraje (matiz guerrero incluido) significa ser consciente de los riesgos, y, aun así, llegar al límite y superarlos, aunque no sepamos qué va a pasar después. Las redes sociales requieren una dosis extra de coraje porque entrar en ellas significa comprometerse, dialogar y relacionarse con la gente, algo bastante terrorífico en una empresa cuando no se tiene ni idea de qué valores transmitir. A la fórmula magistral de esta pensadora, yo añadiría otro ingrediente: humildad. Sólo así puede construirse una estrategia que a lo largo plazo nos deje disfrutar de la vida en la red. La propia pensadora lanza una advertencia en este sentido: las redes sociales son muy, muy complejas precisamente por su componente emocional y es seguro que, aún con la mejor disposición, anotaremos un porcentaje muy parecido de éxitos y fracasos. Cuando se pierde la perspectiva De igual a igual, la asimetría, en sus peores connotaciones, agita las redes.

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martes, 3 de julio de 2012

Verano 2020


2020. Apenas ocho años nos separan de esta cifra redonda, mágica, casi capicúa. En 2020 algunos habremos entrado con holgura en el medio siglo y asuntos que hoy nos parecen dramáticos habrán desaparecido de nuestras vidas (espero). Otras cosas se mantendrán imperturbables, como si nada fuera con ellas. “La imperturbabilidad de los ascensores”, leí hace poco. Es cierto, independientemente de urgencias y alturas, un ascensor se avería siempre que lo considera oportuno. Normalmente, coincidiendo con alguna de las leyes de Murphy.

En 2020, la estadística de ascensores escacharrados probablemente será la misma; sin embargo, algunas cosas importantes de nuestro entorno van a transformarse. Para mí, lo más significativo es el proyecto de I+D+i “Ciudad 2020”. Este proyecto pretende desarrollar un nuevo modelo de ciudad inteligente y sostenible, ecológica y económicamente, en el que la participación de los ciudadanos, junto con las oportunidades de comunicación e interacción ofrecidas por internet y otros dispositivos colocados en red, forman la base capaz de ofrecer servicios públicos ajustados a las necesidades de los usuarios.

“Ciudad 2020” se inscribe dentro del modelo Smart Cities, ciudades inteligentes que hacen uso de las nuevas tecnologías aplicadas en seis áreas: la “ciudad conectada”, energía y eficiencia, movilidad y transporte sostenible, sostenibilidad ambiental, bienestar ciudadano, y, por último, interacción entre el ciudadano y la ciudad.

Liderado por la corporación española Indra, junto a importantes empresas y universidades (Ferrovial, Atos, Fagor, Universidad Carlos III de Madrid y la Universidad de Zaragoza, entre otros), el proyecto “Ciudad 2020” pretende diseñar una arquitectura de comunicaciones para el entorno urbano basada en la internet de las cosas, algo que parece magia y que consiste en dotar a los objetos de la tecnología necesaria para que puedan conectarse e intercambiar información. A cambio, los usuarios ganamos tiempo y, lo que es más importante, bienestar. Con la información en la mano podemos organizar de manera eficiente nuestro día, ir por la ruta menos congestionada, acceder a un servicio sin sorpresas de horarios o, incluso, saber que se nos ha estropeado el ascensor y que están arreglándolo (por cierto, gracias a la internet de las cosas, ha sido la propia máquina la que ha alertado al servicio de mantenimiento en cuanto ha detectado su avería).

Como se ve, el protagonista y destinatario de este tipo de proyectos es el ciudadano. A su disposición se están creando nuevas herramientas tecnológicas que le permitan tomar decisiones sobre el consumo energético de su hogar, el centro de trabajo y los espacios públicos. Pero, además, el ciudadano no es un mero factor pasivo que recibe información, también debe compartirla con las Administraciones para saber qué áreas son objeto de mejora. El ciudadano se convierte así en corresponsable de su ciudad, un “ciudadano social” que participa de la gestión de su entorno. Algo muy parecido ha ocurrido ya en las redes sociales y otros sectores "colectivos" por antonomasia, como son los medios de comunicación y las televisiones. Gracias a los tuits y facebooks en todas sus declinaciones, el espectador ha pasado de ser un objeto pasivo a ser un espectador social. La bidireccionalidad de los nuevos modelos no es poca cosa. De hecho, recupera conceptos que parecían definitivamente olvidados. A algunos les dará reparo leerlo, pero se trata de un ángulo nuevo que alcanza a la desprestigiadísima política. ¿Hay algo más político que decidir qué, dónde y cómo vemos la televisión o de qué manera hacemos las cosas que afectan a la vida diaria?

La política y las vacaciones no suelen llevarse bien, así que volveremos al tema en otoño. Antes de eso, y antes de llegar al verano de 2020, podemos experimentar qué es eso de la corresponsabilidad social visitando las ciudades más verdes de Europa, ciudades “dispuestas para la vida”, según explican en la propia web de la Comisión Europea, artífice de esta iniciativa. Una ciudad verde hace mejoras constantes para favorecer una buena calidad ambiental y un desarrollo urbano sostenible, y, además, actúa como referente para otras ciudades. Hasta el momento, tres ciudades europeas han ganado el premio de la sostenibilidad (Estocolmo, Hamburgo y Vitoria-Gasteiz), y otras dos se preparan para conseguirlo, Nantes, en 2013, y Copenhague, en 2014. Como denominador común, inmensas zonas verdes, abundante uso del transporte público y ciudadanos encantados de ser gestores de su ciudad. Pasear por una de ellas es llegar un poco antes al más apacible de los futuros…


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lunes, 25 de junio de 2012

Ahora nosotros


Viernes, 22 de junio, 5 de la tarde. Nos ponemos en marcha. Parafraseando a un gran poeta, no dejan de suceder cosas a las 5 de la tarde. Y aquella tarde prometía porque se reunían tres grandes comunicadores, divulgadores, entrenadores de la vida... Eduardo Punset, Mario Alonso PuigÁlex Rovira, y un telonero eficaz, el jovencísimo David Otero, El Pescao. Los cuatro allí, en un escenario inmenso, dispuestos a ser los cuatro tenores de eso que aún no sabemos clasificar: ¿Inspiración? ¿Bienestar? ¿Simple supervivencia? Los promotores no tenían dudas de lo que iban a ofrecernos: "Ahora tú, un evento inspiracional" de gran magnitud.

Y lo fue. Intentaré resumiros lo que vivimos esa tarde. Provocador sutil, encantador, presumiendo de arrugas y de mala memoria. Así se nos presentó Eduardo Punset para decirnos que era mentira que la inteligencia no era bella o saludable. Hay un camino de pesimismo y soledad que ha creado escuela, pero ahora sabemos que nos enfrentamos al mundo desde un tubo de ensayo -nuestro cuerpo- al que hay que mimar con esmero. El miedo y el dolor son las amenazas que pueden quebrar el tubo. Y como antídotos, el conocimiento y el trabajo. Son  las únicas herramientas que nos hacen ejercer cierto control de la propia vida. Decía Punset aquella tarde que hay que vivir como un surfista en la cresta de la ola... Sabiendo cómo se controla una ola, claro está. Sólo de esa manera podremos cabalgar de nuevo, si llegamos a caernos. Por cierto, a las olas sólo se las domestica con dosis masivas de trabajo y disciplina.

Del trabajo humilde y hasta aburrido a la acción transformadora. Creer es crear. Así resume Álex Rovira su propuesta de cambio. Está bien conocer, está aún mejor reflexionar, es imprescindible describir, pero el simple conocimiento no garantiza la puesta en práctica de los nuevos valores: creatividad, colaboración, pasión, respeto, autoestima. Es necesario hacer. Y hacer a lo grande. Ser el arquero que cada noche intentaba alcanzar la luna. Nunca la alcanzó, pero se convirtió en el mejor arquero de su tiempo. Esta historia nos la ha prestado Alejandro Jodorowsky, un sabio inclasificable que aquella tarde, de alguna manera, estuvo por ahí aportando su insano juicio. Hay que estar un poco loco para dejar de ser un médico con pedigrí para dedicarse a pensar en los demás. A Mario Alonso Puig, un día se le quedaron cortos los quirófanos y largos los enfermos. Quería saber por qué enfermábamos en el cuerpo y descubrió que primero se nos enfermaba el alma. Habla de glóbulos rojos tristes y bacterias alegres, relamiéndose ante un festín de infecciones proporcionado por un cerebro átono, pero sobre todo habla del silencio necesario para escuchar la voz interior que nos dice cuál es nuestra pasión y dónde está el sentido de nuestra vida. Una vez descubiertos, pensemos a quién desvelamos nuestro secreto. En estos días arrecian los aguafiestas profesionales y los sueños, si lo son de verdad, son únicos. Y muy sensibles; tienen una extraordinaria capacidad para desaparecer.

Pasadas las 10 de la noche,  más de 4.000 personas comprobamos que todo eso que venimos intuyendo desde hace tiempo es verdad. Ya lo sabemos. Ahora, como diría Álex, toca hacerlo. Anora, nos toca a nosotros.

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domingo, 17 de junio de 2012

Promesas y otras necesidades básicas

Hay una parte rebelde en mí que se activa cuando ve que estamos a punto de perder los papeles o el poder adquisitivo o las cada vez más costosas cotas de bienestar o, simplemente, la buena educación.
                        
Últimamente, esta parte rebelde anda revuelta por culpa de algunas encuestas que circulan en la red sobre el impacto de la crisis en nuestra vida. La mayoría de estos estudios sostienen que la recesión está alterando las aspiraciones de cientos de millones de personas, especialmente en el mundo desarrollado, provocando que las personas depuren sus necesidades a favor de los aspectos más básicos. Con la economía en el subsuelo, los consumidores han empezado a minimizar sus expectativas, tanto en términos económicos como en lo referente a los sueños personales. La crisis nos obliga a repensar nuestras aspiraciones. El próximo año puede no ser mejor que el anterior.

¿Cómo salir de esta? Cada uno hace el bricolaje de su propia terapia. Bob Dylan diría que el cambio está en el viento, o, mejor dicho, en tendencias recientes como el Movimiento Lento (Slow People, Slow MadridSlow Food por poner algunos ejemplos de una corriente cada vez más airosa), el Decrecimiento o Downshifting o el más nuevo Happyshifter. Detrás de los palabros, hay una idea común: la búsqueda de la felicidad a través de un modo de vida más simple. En el caso del movimiento “lento”, reduciendo obligaciones y gastos y disfrutando sin prisas del momento; para los “happyshifters”, convirtiendo el trabajo en un entorno del que se pueda disfrutar.

Mi parte rebelde comienza a inquietarse cuando profundizamos en los remedios anti-crisis o en cómo repensamos nuestras aspiraciones personales. Para entender cómo funciona el mecanismo aspiracional, el psicólogo Abraham Maslow creó una pirámide de necesidades. Aquí va la famosa pirámide:
 

Durante los años de bonanza, los dos primeros escalones de la pirámide (necesidades fisiológicas y salud y seguridad) estaban garantizados; por eso, durante mucho tiempo, el marketing se ha concentrado en las zonas altas de la pirámide. La afiliación ha sido el núcleo de productos tan potentes como las redes sociales o las telecomunicaciones que “conectan a la gente”. Imposible no acordarse aquí de una conocida marca de móviles.

Por encima del amor, la autoestima (confianza, respeto, maestría, experiencia, prestigio) ha sido el ADN de marcas claramente aspiracionales. El famoso “porque yo lo valgo” y otras marcas de rango superior. La parte más alta de la pirámide está ocupada por el desarrollo de los valores personales (moralidad, creatividad, aceptación, creación de metas y potencial interior). Esta cúspide ha sido el territorio del consumo ético; las marcas y empresas que quieren posicionarse como entidades responsables y dignas de confianza están trabajando lo suyo para ganar las credenciales sostenibles.

Muchos expertos piensan que con la llegada de la recesión, las personas hemos descendido unos cuantos escalones de la pirámide para preocuparnos nuevamente de las necesidades básicas. Es decir, sin un estómago lleno y una cama cómoda, inútil interesarse por los demás y mucho menos por la creatividad o los valores comunes. Ahí es donde cunde mi pánico. De ninguna manera. Me niego. No puede ser que después de años de domesticar a la bestia que llevamos dentro, nos vuelvan a bestializar por una cuestión de geometría. Descompongamos la pirámide, cambiemos las etiquetas. Convirtamos la confianza, la ilusión por los nuevos proyectos, el respeto y la autoestima en necesidades básicas, tan básicas como una buena ducha caliente. Hace unos años, un ciudadano del Tercer Mundo lo contó a su modo en una pintada callejera. “Queremos promesas, basta de realidades”. Qué manera más chula de mandar a la porra la famosa pirámide de Haslow.
   

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miércoles, 6 de junio de 2012

La empleabilidad de un cisne negro



Unos cuantos cisnes negros se deslizan por las aguas de los mejores campus del mundo. Aparte de una película y un animal bellísimo, el cisne negro es una expresión filosófica, aplicada últimamente a las Finanzas, que se utiliza para designar un evento ocurrido de manera sorpresiva, que tiene consecuencias fatales y que, una vez sucedido, puede explicarse de manera lógica. Algunos pensadores sostienen que unos pocos cisnes negros dan cuenta de toda la historia mundial. Exageración o no, la realidad es que el atentado del 11 de septiembre fue un cisne negro de manual.

Volviendo al principio, los cisnes negros parecen avanzar hacia dos entornos muy sensibles: la formación y el mercado de trabajo. Ambos están unidos por la empleabilidad, el factor que hace que universidades y centros educativos se anticipen y se adapten a las necesidades de los empleadores. La empleabilidad es la asignatura pendiente de la universidad. La crisis y la competencia global están provocando un cambio en las universidades. Si hace unos años, la universidad se dedicaba exclusivamente a la formación, ahora se ve obligada a facilitar el acceso al mundo del trabajo. La cosa se complica porque, a su vez, el mercado laboral anda en plena transformación. Ya no basta con el conocimiento especializado; los conocimientos quedan obsoletos rápidamente. Ahora toca aprender a aprender, a ser responsable y flexible, y a saber gestionar los cambios de una vida casi impredecible (impredecible y en inglés, el idioma de la globalidad).

Según los especialistas, la mayoría de los puestos de trabajo que van a ser importantes de aquí a 2030 aún no existen. La tarea de la universidad es precisamente educar para este futuro. Por ahí asoman los cisnes negros. De no emplearse a fondo en la identificación y formación de estos nuevos yacimientos de empleo, la propia institución universitaria quedaría muy tocada. Bordeando la inutilidad. Algunos especialistas vienen insistiendo en ello a través de informes como “The shape of jobs to come”, un estudio de la consultora inglesa Fast Future.

El informe, realizado en 2009 en Europa, Estados Unidos y Australasia, revela trabajos que ya existen y que van a adquirir mayor relevancia, por ejemplo, todos los que tienen que ver con el clima y las energías renovables, y muestra otros inéditos, algunos tan evocadores como el ladrón de nubes (para provocar lluvia en momentos de sequía) o tan poco conocidos como el broker de conocimientos, algo que existe ya y que consiste en ofrecer conocimiento nuevo y a la carta a determinados grupos de interés.  De todos los empleos emergentes, la consultora hace un ránking con los 20 más prometedores. Muchos de ellos parecen haber escapado de la imaginación de Julio Verne. Aquí van:

Productor de órganos corporales
Policía de clima
Nano-médico
Abogado virtual
Ingeniero genético de cultivos y ganado
Profesores virtuales, manager de avatares e intermediarios (humanos)
Manager de Bienestar para la Tercera Edad
Desarrolladores de vehículos alternativos
Cirujano de aumento de memoria
Creadores de contenidos para grupos de interés
Asesor ético para las nuevas ciencias
Recicladores de datos
Pilotos, Arquitectos y tour operadores espaciales
Organizadores de información y contenidos
Granjeros y agricultores de espacios verticales
Broker de tiempo
Especialistas en reversión de cambio de clima
Trabajador social de redes sociales
Especialistas en epidemias y cuarentenas
Gestores de marcas personales
   
Fuera del top 20 se han quedado los Asistentes de Experiencias Fantasmas (sector medios electrónicos), los Expertos en Simplicidad  o los Integradores de Seguridad Compleja (ambos dentro del sector Política y Administración Pública). Francamente, me cuesta imaginar un día de trabajo de un Experto en Simplicidad. Hay otros cometidos más cercanos, como los Coordinadores de Sostenibilidad o los Analistas de Responsabilidad Social Corporativa. En el top 20 tampoco ha salido el que probablemente es mi empleo futuro favorito: el Black Swan Life Advisory, el Consejero para los cisnes negros de la vida. Es decir, alguien que anticipa, prepara y nos ayuda a escapar o eludir algunos malos tragos. Y algo más, porque si conseguimos detectar a tiempo el cisne negro podemos convertirlo en una oportunidad. Se opera la alquimia. El cisne negro se convierte en un majestuoso cisne blanco.


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jueves, 31 de mayo de 2012

Niños adulterados



Este mundo es curioso. Mientras una parte de la humanidad lucha por no seguir perdiendo derechos y bienestares largamente adquiridos, otra parte se dedica a describir el impacto de esta guerra de mercados en nuestra vida. Lo insólito es que describidores y lectores somos también sufridores, "sufridores en casa" decían en un concurso de la tele con calabazas y apartamentos en Torrevieja. Sufrimos menos cuando pensamos. La ficción momentánea de que la cosa no va con nosotros cuando intentamos explicarnos algo nos permite creer que controlamos más la situación. Mínimamente, empezamos a saber lo que pasa, y eso parece un buen primer paso. Dicho de otra manera, creo que empiezo a entender qué es lo que más me duele de  esta macro-austeridad.

Gracias a esta crisis están pasando muchas cosas. Para mí, la fundamental es que está demoliendo el prometedor futuro de la generación mejor preparada de todos los tiempos. La etiqueta de “generación mejor preparada” se ha colocado con alegría en los últimos años; sin embargo, esta vez iba en serio. En Europa se estaban dando de manera sostenida las condiciones indispensables para que un niño se convirtiera en un adulto feliz: bienestar físico, bienestar emocional, buena educación, buena sanidad y un entorno seguro. Nuestros niños tenían un "espléndido pasado por delante" (Eduardo Galeano es el autor de esta contradicción genial). A su vez, los padres de hoy tenemos más conciencia que nunca de lo que significa la educación, dentro y fuera de casa, y tenemos una idea clara estilo de vida que queremos para nuestros hijos. Había hoja de ruta y ciertos recursos para llevarla a cabo. “Había”, pretérito imperfecto.

Muchos de nuestros hijos pertenecen a la Generación Z, niños nacidos después de 1995 con un uso precoz y muy hábil de las nuevas tecnologías. Se les considera nativos digitales; es decir piensan en digital, saben que los canales por los que se mueve la información son múltiples, tienen sus propios códigos, y saben manejarlos. Parten de unas condiciones de salida excepcionales en cuanto a capacidades, formación y estabilidad personal, sólo necesitan unos padres a la altura. Y parece que no lo estamos. Según un estudio de la consultora JWTIntelligence llevado a cabo en Inglaterra y Estados Unidos, el 58% de los adolescentes se describen como preocupados por la situación financiera de sus padres, les inquieta poder continuar su educación y temen el momento en que tengan que buscar empleo. Más de 3/4 partes de los encuestados se sienten consternados por la situación económica global y hablan con frecuencia de este tema con sus progenitores. Los padres se han convertido, así, en portadores de malas noticias. Este exceso de transparencia está acelerando el ingreso de muchos niños en la edad adulta.

No se me ocurre de qué manera informar, proteger y preservar la niñez al mismo tiempo. Posiblemente, basta con ser algo más optimista y dejarse llevar por la parte buena del momento. Si nuestros niños están hiperconectados, que, al menos, sean creativos y no se dejen contaminar sólo por lo malo. En Suecia, la agencia de publicidad SWE ha creado la SWEappcademy, un campamento de verano para chicos entre 10 y 12 de años donde los niños no van a aprender, sino a enseñar. En Estocolmo, entre el 2 y el 6 de julio, 30 chavales tendrán la oportunidad de crear aplicaciones para móviles con el objetivo de que sean desarrolladas por operadores profesionales. El lema del campamento es “ellos nos enseñan mientras les enseñamos”. Toda una lección de humildad parental que pone las cosas en su sitio: listos, hábiles, creativos pero con necesidades de protección y aprendizaje. Nuestros hijos son como niños.

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